Se acercan las elecciones y seguramente muchas veces nos asalta cierta incertidumbre, desconfianza y hasta desgano. En momentos como este que comienzan a llegar a las diferentes comunidades, grupos y personas, un desfile de propuestas y promesas de candidatos que nos hace repudiar cada vez más, ejercer el derecho al sufragio.
Sin embargo es necesario escuchar y analizar conscientemente qué es lo que nos están proponiendo o prometiendo, no podemos tomar la elección de un candidato tan deportivamente, – porque este es mi amigo-, o – porque este es amigo de mi amigo-, por lo tanto debo tragar entero y muchas veces ni siquiera sé, de qué se trata la propuesta de la persona por la que depositaré mi voto. “Es que mi candidato va a arreglar la calle”, “es que mi candidato va a hacer un sancocho comunitario para todos pa’ que la pasemos rico”, ¿si?, y usted cree que con pañitos de agua tibia se va solucionar las dificultades de hambre que vive nuestra comuna, ¿acaso esa persona conoce y ha sentido esas necesidades?
¿Crees que porque se realizó un evento cultural o pasaste la mejor tarde de tu vida contándole tus intimidades al candidato, él o ella puede ser tu solución? o lo que es peor ¿aún, te “vendes” por cualquier $20.000 o $50.000?, ¿Una dificultad económica, no te lleva a perder los valores y a pensar solamente en lo que necesitas? Recuerde que un candidato no solo es para usted, ellos son personas que trabajan por todos los colombianos. Deberían ser personas que escuchen, analicen, transmitan y brinden soluciones reales a las necesidades de una sociedad, por lo menos eso es un ideal.
No querer saber nada de votar es entendible por los malos momentos que vive el país con esa cantidad de “corrupción, falsedad y máscaras. Sin embargo hay que creer en formar parte de la solución de un país que requiere urgentemente un cambio.
No todas las personas que se proyectan, o se inscriben a un partido político son así. Hay políticos que llegan con la mejor intención, que quieren ser y hacer algo diferente, por lo tanto tenemos que saber o descubrir quiénes son esas personas; que sí se preocupan por la verdadera política es decir “el arte de hacer el bien público”, para ello es necesario volvernos detectives investigar quién es ese candidato, que hace, cuáles son sus propuestas o promesas, interrogarnos constantemente si eso que estoy viendo o escuchando es posible realizarse.
Me pregunto ¿cuándo será que el ciudadano pueda ejercer su derecho al voto conscientemente de lo que está haciendo?, en muchas oportunidades el voto puede determinar el resultado de las elecciones y como estamos en procesos electorales que cada vez más se apela a la inconciencia, a lo instintivo y a los valores implícitos de los electores por encima de la toma de decisiones razonadas, se torna cíclico y sin cambios.
Si no tomas conciencia de la persona que llevarás al poder, si no tomas consciencia de participar del voto, ¿qué significado tiene que te quejes de los malos políticos o partidos?, si tú mismo no te das por enterado de quién es esa persona, que ha hecho por la ciudad, el departamento o el país, si no escuchas debates, lees la prensa, las noticias y analizas cada cosa de lo que proponen, ¿cómo te enterarás de cuál puede ser la mejor estrategia, el mejor programa o el candidato en el que vas a poner tu confianza?.
En conclusión es necesario promover la participación responsablemente del derecho a elegir, el voto debe ser reflexionado y analizado de acuerdo a nuestra realidad social, escuchar las diversas propuestas, los planes de gobierno, recuerde que de ello depende el futuro de los colombianos, si no te decides, otros lo harán por ti, Sabemos que la participación ciudadana y la construcción de ciudadanía no se concluye con el sufragio, por lo tanto se hace necesario insistir en la toma de conciencia para ejercer este derecho y este deber con honestidad, responsabilidad y compromiso.
Para ello se requiere hacer uso de la libertad, obrar con rectitud de consciencia, con principios y criterios propios, promoviendo la dignidad humana en especial del más desprotegido.
Por: Luz Amparo Durango
